Verdadero fenómeno en países como Alemania y Suiza, Farming Simulator 15 celebra esta semana su lanzamiento en consolas, y qué mejor manera de estar a la altura de la ocasión que presentar a los lectores nuestra experiencia con uno de los títulos más extraños y ajenos a la idea de que los videojuegos deben ser divertidos. A pesar de su innegable compromiso con la simulación hardcore de cultivos y tractores, en la que alcanza notas muy altas, Farming Simulator 15 es tan aburrido como su nombre lo sugiere: sin duda, un título que tiene éxito en reflejar los aspectos más ingratos de la vida del campo y ninguna de sus diversiones.
¿Qué es Farming Simulator 15? Se trata de la quinta entrega de la recreación más realista y detallada actualmente existente sobre los retos de administrar y trabajar en una granja moderna. Su creador, GIANTS Software, es una compañía suiza especializada en simulaciones de todo tipo, incluyendo compañías de demolición y resorts alpinos, pero, por alguna razón, su éxito más grande ha sido la serie Farming, la cual es descrita por ellos como un título «casual» con un acercamiento «arcade» al reto de administrar una granja. Santo Dios. Uno no quisiera imaginarse cómo sería este juego si fuera «hardcore».

A pesar de su nombre inglés, el título alemán de este juego es más honesto: Landwirtschafts-Simulator, que quiere decir «Simulador de agricultura» y no tanto «Simulador de granjas». A pesar de la presencia limitada de la cría de vacas y pollos, el verdadero quid es el cultivo: básicamente, se trata de una recreación detallada de los retos del trabajo de la tierra. El objetivo básico es no caer en bancarrota y eventualmente expandirte; para ello, es necesario poner a trabajar tus tractores para realizar todos los pasos del trabajo de un campo: arado, siembra, fertilización, cosecha y venta de toda clase de cultivos.



